sábado, 7 de marzo de 2009

La Pasión según Dreyer

No pudo ser. Después de tantas largas que el productor Blevins Davis le dio, Carl Theodor Dreyer no pudo ver cumplido su sueño de filmar una película basada en la Pasión de Jesús. Llevaba casi una década -la de los cuarenta- documentándose y estudiando para su guión (exégesis bíblica, historia de Palestina, hebreo), diseñando maquetas y dibujando a los principales personajes del drama, preparándose para realizar posiblemente otra obra maestra, pero no encontró al final a nadie que financiara su proyecto. En esto quedó, en una ilusión no cumplida, en una más que segura obra maestra que no vio la luz. Peor para el cine. Peor para nosotros.
Ahora se ha publicado el guión. Ediciones Sígueme lo ha rescatado en una edición que reproduce la publicada en Nueva York en 1972. Como apéndice se agregan tres interesantes ensayos de Dreyer: ¿Quién crucificó a Jesús?, Las raíces del antisemitismo y "Mi única gran pasión". En los tres ensayos hay un elemento en común: devolver a Jesús la condición de judío. Esto, dicho hoy en 2009 puede parecer una verdad de perogrullo, pero cuando Dreyer empezó a gestar su película estaba muy reciente el nazismo. Él mismo, lo contó en una entrevista:

"La ocupación de Dinamarca por parte de Alemania me inspiró uno. Nuestra difícil situación debía de ser muy parecida a la que habían padecido los judíos en Palestina. Los judíos de la época romana sufrieron a los romanos; los daneses, a los alemanes. Ellos tenían a Pilato; nosotros, a Renthe-Kinf. Los judíos también organizaron un movimiento clandestino de resistencia: jóvenes judíos patriotas, llamados 'zelotes', que atacaban guarniciones romanas aisladas y prendían fuego a las casas y los sembrados de los judíos colaboracionistas".

De hecho, de la lectura del guión se desprende que Dreyer incidió sobre todo en el juicio político de Jesús, difuminando el religioso. Pilato era más culpable que Caifás. Estaba claro que el director danés tuvo siempre presente los acontecimientos políticos de su época en la concepción de su Jesús, y que interpretaba en clave contemporánea los hechos ocurridos hace dos mil nueve años.



3 comentarios:

Mery dijo...

Por lo que entreveo, puede que Dreyer quisiera demostrar que, finalmente, no hay nada nuevo bajo el sol; que los errores humanos de hace XX siglos son los mismos que se cometen ahora. Al fin y al cabo idénticas pasiones mueven la Historia de la Humanidad.
Un abrazo

Fernando dijo...

Ese paralelismo entre la Palestina ocupada por los romanos y la Dinamarca (o tantos otros países) ocupada por los nazis es muy interesante, pero se acerca (lejanamente) al peligro en que ha caído tanta gente: ver en Jesús un liberador humano, político, cuando Jesús proclamó lo de dar a Dios lo de Dios y al César lo del César. De hecho, leí que una de las cosas que animaron a Judas a abandonar a Jesús fue que él era zelota, o celote, o como se escriba, partidario de la reacción violenta contra Roma, y que Jesús le decepcionó en este sentido. Su juicio, por ello, fue sobre todo religioso, no político, pues Pilatos sabía bien que Jesús no era un peligro político.

Por lo demás, la comparación inicial es buena en otro aspecto: del Evangelio se desprende que los judíos, en general, vivían cómodamente bajo el poder romano, que incluso les dio un marco mejor de convivencia, y que allí casi nadie se revolvió, igual que en Dinamarca, igual que en Francia, igual que en casi todos los sitios.

En fin, que seguro que a este señor le habría gustado ver el Jesús de Mel Gibson, ¿no?

Rafael G. Organvídez dijo...

Pienso que para entender el film que Dreyer pensaba no podemos olvidarnos del contexto en el que se gestó el guión y de cómo el director interpretó la propia invasión y ocupación de Dinamarca por los alemanes desde abril de 1940 hasta 1945. Esto explicaría la -para mí también, Fernando- inexacta idea de que Jesús sufrió un juicio fundamentalmente político. En esto se equivocaba Dreyer. Jesús vino al mundo para redimirnos del pecado original. Él lo dejó bien claro en los interrogatorios a los que fue sometido: mi reino no es de este mundo. Desde un punto de vista político, no creo que Jesús molestara a unos romanos tan pragmáticos.
Esto, claro está, no le restaría ninguna genialidad a la posible película que Dreyer hubiera hecho.