miércoles, 26 de noviembre de 2008

Charles Burney


Hablaba hace unos días del cambio errático que, a mi juicio, se estaba produciendo en Radio Clásica. Así, uno de los cambios que menos entiendo es el traslado a la una de la tarde de los miércoles de uno de mis programas favoritos, Ars Canendi. Cuando se emitía a partir de la medianoche de los martes su escucha era íntima y de gabinete, acorde con la pausada voz de Arturo Reverter.

Por fortuna, no todo ha ido a peor. Dentro de la serie "Los Clásicos de Radio Clásica", que podemos escuchar todos los domingos a las diez de la noche, están reponiendo un programa que ya escuchaba en 1986 y que en parte fue responsable de mi afición por la música antigua. Me refiero a las Memorias de Charles Burney, un curioso músico que nos va dando noticias de sus viajes por la Francia y la Italia del dieciocho. Con la magnífica voz de José María del Río podemos recorrer las cortes y los salones de la época, conocer las distintas opiniones acerca de músicos o cantantes que iba conociendo en su peregrinaje. Las memorias fueron publicadas en Londres en 1773, y estaría bien que algún incauto editor las tradujera para su publicación.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Giulio Cesare in Hispali


Invitado por un amigo que canta en el coro asistí el otro día al ensayo general del Giulio Cesare de Händel en el Maestranza, en la versión que realizara el director de escena Herbert Wernicke. El encargado de la puesta en escena sevillana es Bjorn Jensen, que -como ya es habitual en casi todas las óperas barrocas- apuesta por la austeridad y el eclecticismo histórico. En este sentido siempre me ha llamado la atención el gusto de los directores de escena por la estética filofascista en el vestuario de los actores. De hecho, en el Giulio Cesare del otro día la "tropa romana" que acompaña al emperador parecía el ejército italiano de Mussolini, y César se nos aparecía a ratos como un romántico amador y otras como un nuevo Napoleón con abrigo hasta los tobillos. La dirección musical estuvo a cargo de Andreas Spering al frente de la Orquesta Barroca de Sevilla y un reparto vocal en el que sobresalió el gran contratenor norteamericano Lawrence Zazzo en un rol que ya ha interpretado en otras ocasiones. Las voces españolas de Elena de la Merced (Cleopatra), Marina Rodríguez Cusí (Cornelia), Pau Bordas (Curio), David Sagastume (Nireno) y Lola Casariego (Sesto) lo acompañaron con desigual fortuna.
La apuesta trata de ser novedosa desde el arranque, con un cocodrilo que recorrerá la escena durante casi toda la representación, añadiendo notas de sorpresa y humor entre los personajes y el público. Muy conseguido estuvieron los pocos artificios de iluminación y efectos creados sobre una plataforma en desnivel que no dio ningún mal susto.
La orquesta estuvo más que aceptable, aunque eché de menos un continuo más rico. Debo reconocer que es una manía que tengo, pero me gusta un bajo continuo exuberante en los recitativos y ariosos. Qué le voy a hacer. Además creo que encaja a la perfección con la estética barroca. El trompista ejecutó su solo obligado realmente bien en el acompañamiento del aria Va tacito, y fue secundado a la perfección en la parte final por sus otros tres compañeros de instrumento.
En el capítulo de las voces, el liderazgo de Zazzo era extraordinario. Desde su inicial Presti omai ya se apuntaba las virtudes de su voz. Este contratenor domina bien el registro bajo, punto flaco de muchos compañeros de tesitura, y en ningún momento detecté notas falsas como las que daba de vez en cuando el contratenor que interpretaba a Tolomeo. Por cierto, qué papel más desagradecido. Parece como si la inestabilidad del personaje neutralizara cualquier atisbo de lucimiento vocal.
Entre las desilusiones del reparto citaría a una desafortunada Lola Casariego en el papel de Sesto. ¡Vaya manera de fusilar las arie di furie! Interpretó un inicial Svegliatevi nel core para olvidar. Pensé que sería una mala apreciación, pero se volvió a confirmar en cada una de las arias del mismo estilo que tuvo que cantar. Sosa e insípida.
En su lugar habría puesto al contratenor David Sagastume, al que creo que se le quedaba corto el papel de Nireno. De hecho, lo tenían en el escenario de un lado para otro cambiando decorados y mostrando al respetable unas prescindibles acotaciones que explicaban la acción como si fuésemos tontos. Su momento llegaría, con todo, al final. Su intervención junto a la insulsa Casariego me confirmó que es un gran cantante.


jueves, 20 de noviembre de 2008

Goldberg en el clavo

Me acabo de enterar esta mañana de que la revista Goldberg deja temporalmente de editarse. Empezaron en septiembre de 1997 y desde entonces nunca falté a sus citas anuales. Según me decían en el correo de hoy, atraviesan un momento muy delicado y no saben aún si el año próximo reanudarán su actividad. Nos agarramos a esta leve esperanza como a un clavo ardiendo.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Palabras, palabras, palabras

Que Radio Clásica está cambiando a peor es algo que muy pocos negarán.
Soy un oyente de la emisora desde hace más de veinte años y durante todo este tiempo he podido comprobar la evolución de toda su programación, desde los tiempos de José Carlos Cabello hasta los de Jacobo Durán-Loriga (presentadores de Conversación galante y La noche cromática, respectivamente). Con alguna que otra pifia de por medio, la emisora siempre había mantenido una coherencia inquebrantable en las maneras de presentarnos la música, con un absoluto respeto al texto sonoro, sin interferencias ni omisiones de ningún tipo, ya sea en la noticia de los intérpretes o en la del músico, con la obligada fermata al principio y al final de cada audición, con un amable decoro en las formas, sin envaramiento ni pedantería.
Esto ha empezado a cambiar. Desde primeros de septiembre, la llegada a la dirección de la radio culta del ubicuo Fernando Palacios ha coincidido con un lamentable plan de eutanasia laboral: Araceli González Campa, Fernando Argenta (cuyo programa nunca me gustó), el mencionado Durán-Loriga y su compañera de programa María Santacecilia, entre otros, han sido prejubilados. Lo peor, sin embargo, es la derrota que este nuevo director ha tomado. Los nuevos locutores están aquejados de una incontinencia verbal que resulta agotadora, no paran de hablar y hablar y hablar y hablar y hablar...

martes, 11 de noviembre de 2008

Citas

Hace unos días, mientras hablaba con Juan Bonilla de unos libros editados por Zut, recordamos aquel suplemento cultural editado por el Diario de Jerez a finales de los ochenta y que él coordinaba con José Mateos. Citas, que así se llamaba, fue sin exagerar uno de los mejores suplementos culturales que se publicaban en prensa. En él escribían, además de los "locales" Francisco Bejarano y Benítez Reyes, los "vecinos" Aquilino Duque, Fernando Ortiz y Abelardo Linares. A éstos se sumaban otros como García Martín y Andrés Trapiello, de quien se dieron a conocer algunas páginas entonces inéditas del primero de sus diarios. Gracias a los poemas que se incluían en cada número se me dieron a conocer a poetas que empezaban como Vicente Gallego o Carlos Marzal, hoy ya voces consagradas. De Citas me gustaba el tono combativo y mordaz de sus críticas, y sobre todo la frescura que destilaba en su empeño por editar un suplemento de alcance nacional en una ciudad de provincia.
De esto hace ya veinte años. Yo, sin embargo, no era consciente el otro día con Bonilla de que hacía tanto. Recuerdo que entonces, allá por 1988, cuando escuchaba la música que la Velvet había compuesto en 1968, me parecía como de otro mundo lejanísimo, de otra época casi. Hoy estoy de Citas a la misma distancia... y es desconsolador.
"No hay nada como el tiempo para pasar", que decía Vinicius de Moraes

viernes, 7 de noviembre de 2008

Redel


En Casa del Libro estamos de enhorabuena. El próximo martes a las siete y media presentaremos las memorias de Wyndham Lewis, Estallidos y bombardeos, publicadas por Impedimenta y traducidas por Yolanda Morató.
Lo que viene haciendo Enrique Redel, editor de este exquisito sello, es impagable. Basta echar un vistazo a su catálogo para salir de dudas. Hace pocos días se le concedió el Llibreter (el premio de los libreros catalanes) al libro Botchan, de Natsume Sôseki, editado por él en marzo. Estoy convencido de que mis colegas catalanes han premiado sobre todo la labor extraordinaria de este joven editor que puede presumir, entre otras lindezas, de dar a conocer al escritor Stanislaw Lem a un público no familiarizado con la ciencia ficción. Además, y esto lo sufrimos quienes trabajamos en una librería, nunca le podremos agradecer la mesurada aparición de novedades en un mercado muy saturado. Se lo decía esta misma tarde a Lucía, una vieja compañera de trabajo: los libros de Enrique dan prestigio a las librerías.