Ayer fui al concierto de Fretwork en la Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad. No me gustan los conciertos en las iglesias, sobre todo si no es música sacra la que se interpreta, y ésta según el sentido que se le dé. Pienso que lo mejor es siempre una sala de conciertos, donde el espacio es exclusivamente musical y la música se ofrece en su pura desnudez. Estoy convencido además de que el concierto de ayer, a la vista de la precisión técnica de que hacen galan estos músicos, hubiese sido mejor entendido en un auditorio frío y distante. El conjunto inglés no termina de gustar en esta ciudad que prefiere el barroco y la pasión. Fretwork es fiel a un estilo que no ha cambiado en más de veinte años. Tocan como tocan, sin mordiente en los bajos y sin grandes contrastes de luces. Pura música que se presenta sin grandes adornos y sin concesiones subjetivas, con una técnica del arco que prescinde de la riqueza armónica que se le puede sacar a un bajo de viola, pero lo hacen tan bien que uno se da cuenta en seguida de que consiguen lo que pretenden: no conmover las pasiones.
A mí el concierto me gustó, y disfruté con la integral de las Fantasías & In Nomines de Purcell. El contratenor Michael Chance intervino incluso como una parte más en el In Nomine a 7. Sus intervenciones tuvieron altibajos, a pesar de interpretar un repertorio que siempre se le ha dado bien, que no le exigía mucho y que se adaptaba bien a sus recursos, con una voz bien apoyada en el agudo pero con falta de matices en las notas graves.
Como no podía ser de otro modo, la propina se limitó a una sola pieza (hasta en esto son como son). Se trató entonces de la canción popular inglesa O Waly, Waly según el arreglo que hizo Benjamin Britten.
Censura
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Como la mayoría, no he leído *El odio*, el libro de Luisgé Martín sobre
José Bretón. Digo como la mayoría porque, mientras tecleo, el libro no está
en las...
Hace 14 horas