martes, 19 de mayo de 2009

A vueltas con Benedetti

Reconozco que a mí Benedetti me gusta poco, o quizá deba decir que lo he leído poco. En realidad, una cosa lleva a la otra: lo leo poco porque no me gusta mucho, y no me gusta quizá porque no lo he leído lo suficiente. Seguramente se trate de un prejuicio de mi limitada formación lectora, pero mis prejuicios no los elijo yo, sino que una voluntad ajena a mí se encarga de instalarlos en mi cabeza y de aquí no consigo expulsarlos.
Creo que fue por culpa de Serrat. El cantautor le puso música a una serie de poemas que editó en un disco que se titulaba El sur también existe. Había canciones muy buenas que funcionaban muy bien como eso, pero cuando leía las letras a secas los poemas se me caían de las manos. Desde entonces no he podido leer una sola línea de Benedetti sin pensar que lo mejor estaba fuera del poema, en los márgenes musicales, en las afueras del texto.

* * *
Esta mañana en la librería una señora mayor preguntaba por algunos libros del poeta uruguayo, y al ver que ya no quedaba ninguno se lamentaba de que uno tuviera que morirse para que la gente empezara a leerlo. Pues precisamente Benedetti, no. Benedetti, señora, es uno de los poetas contemporáneos que más ha vendido en España e Hispanoamérica.

6 comentarios:

Mery dijo...

Ya que en estos dias se habla tanto del poeta en varios blogs, te digo lo que dejé en un blog amigo:
hubo una época en que leía bastante a Benedetti, pero después he ído teniendo la sensación de que es un "poeta demasiado evidente" y lo entrecomillo a propósito, porque no sé si me explico bien con esta definición.

Precisamente ese ser demasiado evidente, le resta calidad a sus creaciones y, de algún modo, como bien dices, se acaban cayendo de las manos.
Esa es mi sensación respecto a él, aunque le reconozco su trabajo y su coherencia compositiva.

Un abrazo

Fernando dijo...

Hola, Rafael.

Me parece muy interesante esto que dices sobre cómo las noticias o las modas influyen en las ventas. Citas el caso de la muerte, pero peor aún es el Nobel, que hace que de la noche a la mañana una multitud de seudo-intelectuales se acerquen a la librería a pedir las obras de un prestigiosos poeta indio que no conocían de nada.

Y, claro, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Estuve hace poco en la Casa del Libro de Madrid, hojeé uno y no me convenció. Días después, en la radio, en una tertulia, lo elogiaron de pasada, con mucho ánimo. Al día siguiente fui a la librería y me lo compré.

Qué cutre, ¿no?

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

En elgún blog he leído que Benedetti ha hecho mucho, muchísimo, para que los jóvenes se acerquen a la poesía. Tal vez, como dice Mery, por ser un poeta "evidente". Yo he tenido la oportunidad estos días de volver a comprobarlo: les llega. Aunque sea solo por eso (que no es poco), ya merece mi admiración.
Un abrazo, Rafael.

Rafael G. Organvídez dijo...

Eso es lo que pasa con Benedetti: sus logros no son suyos, es decir, de sus poemas. O bien inspiran buenas canciones o inician a muchos jóvenes en la lectura de la poesía. No es poco, pero tampoco es suficiente en un poeta al que pretenden encumbrar a las más altas cimas poéticas los poetas del régimen.
Fernando: la primera impresión es la que cuenta. No te equivocaste. Cometiste, sin embargo, el error de dejarse influir por los buenos comentarios en torno a un muerto. (Por cierto, ¡no sería en la SER!, ¿verdad?).

Fernando dijo...

Querido Rafael:

Me expliqué mal. No me refería a que hubiera pasado de un libro de Benedetti, del que jamás he leído nada, sino de otro autor; en concreto, un libro sobre historia de la economía española, del profesor Velarde. De entrada no me interesó, en la radio lo pusieron bien, lo compré, y tras días en mi mesilla de noche ha sido deportado a la librería, virgen como salió de la editorial.

E. G-Máiquez dijo...

Muy interesante, Rafael, tu experiencia con Serrat. Me parece muy acertada. Jaime Gil de Biedma afirmaba que los buenos poemas no se pueden musicar, porque ya lo están, tienen su música interior. [Lo que no impidió que María Dolores Pradera cantara (estupendamente) un gran poema de Gil de Biedma.]