martes, 5 de mayo de 2009

Frühlingstraum

Después de unos meses sin practicar deporte, esta tarde he cogido la bicicleta de montaña y me he ido al campo. Como adivinaba en qué estado de forma me encontraría he corrido sólo una hora, lo justo para contemplar el lento atardecer de estos días de mayo, en los que la temperatura vespertina todavía es tolerable. Iba por un sendero que dividía un campo de trigales todavía verdes entre los que asomaban, aquí y allá, pequeños grupos de amapolas. Subía -con esfuerzo- y bajaba suaves lomas alrededor del hipódromo que hay cerca de mi casa cuando de repente me di cuenta de que era feliz. El tiempo presente y el pasado se contenían ya como una posibilidad en el futuro que es este momento en que escribo lo que viví entonces. Tuve, por tanto, el presentimiento de la dicha. O, mejor dicho, la atrapé. Ahora trato de verter su contenido en estas torpes líneas, pero se me escapa como si intentara coger agua con un vaso invisible en la mano.

11 comentarios:

Canónigo Alberico dijo...

Sabes que? entre pillarel autobus o el sevici pillé el segundo por sentir esa dicha que describes

MABS dijo...

Te imagino pedaleando con el fondo musical de Schubert y entiendo esa sensación de felicidad que comentas.

elo dijo...

Sencillamente sublime esa definición ¡¡¡ Si cada persona es el flitro de su realidad, el tuyo es magnifico.

Rafael G. Organvídez dijo...

Amigo Canónigo,te invito a montar un día en bici por el campo. Repetirás.
¡Cómo me conoces, MABS! En efecto, llevaba a Schubert en el mp3, aunque no escuchaba el "Winterreise" sino un disco muy recomendable titulado "Lieder von Abschied und Reise", interpretado por Christoph Prégardien y Michael Gees. Ya hablaremos de él.
Elo, la realidad siempre es más bella que uno.
Un abrazo

Fernando dijo...

Querido Rafael:

No, no, no se te escapa: lo has descrito muy bien, uno comprende muy bien tu felicidad, incluso aunque hubieras puesto sólo "fui por fin voluntarioso, fui en bici entre campos andaluces mientras atardecía en mayo, fui feliz", incluso así lo habríamos compartido contigo; mucho más de la forma, preciosa, en la que lo has hecho.

Aprovecha antes de que sea imposible salir al campo, por el calor.

Rafael G. Organvídez dijo...

Muchas gracias por tu amable comentario, Fernando. Un abrazo

Manuel dijo...

Pienso que lo más hermoso que hay en lo que cuentas es la sencillez para valorar las "cosas pequeñas" que nos rodean. Me gustaría llamarlo ingenuidad en lugar de sencillez, pero temo parecer descalificativo. Sin embargo, es esa ingenuidad, junto a la sensibilidad, la que nos hace más humanos y mejores personas. En pocas líneas nos has dado una lección de vida. Un saludo

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Querido Rafael: montar en bici por el campo en esta época es un placer enorme. No sé si conoces el corredor verde del Guadiamar. Yo bajo a menudo desde Sanlúcar la Mayor, y es una travesía estupenda, junto al río, puedes llegar hasta el mismísimo Parque de Doñana.
Un placer, desde luego.
Un abrazo,

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

Si os parece adecuado, hablad en público de Schubert y de ese disco, hacedlo como un paseo vespertino a la luz del público.Salud.

Mery dijo...

Me parece maravillosa esta capacidad que tiene el ser humano de sentirse FELIZ con un acto sencillo. El pedaleo en mitad del campo lo he practicado muchas veces y casi siempre he sentido lo que tan bien describes en esta entrada.
(Otra música ceelstial es la de los pajaritos, que no precisan mp3) Bueno, estoy segura de que eso ya lo sabes de sobra y que intercalas a Schubert con un buen gorrión.

Que sigas así de pleno.
Un abrazo

Rafael G. Organvídez dijo...

Tomás, te tomo la palabra y te prometo que hablaremos de ese disco.
Quienes habéis montado en bicicleta (Andrés, Mery, Manolo) habréis comprobado lo sencillo que es disfrutar de lo evidente. Se trata de no perder nunca la capacidad de asombro con las pequeñas cosas.

Saludos