
Esta mañana cuando estaba en la librería ha llegado un sobre a mi nombre que contenía la última novedad de Nórdica Libros, las Iluminaciones en la sombra de Alejandro Sawa. El cuidado volumen está presentado por Trapiello y recupera el prólogo que Rubén Darío escribió en 1910 para la primera edición de Renacimiento. Como todo el mundo sabe, Valle-Inclán lo convirtió en el Max Estrella de sus Luces de bohemia. Esto unido a una vida llena de excesos en el París de finales del XIX y a una muerte digna de su propio destino (muere loco, enfermo y miserable) lo convierten en nuestro clásico bohemio por antonomasia.
Abriendo el libro al azar he leído una buenísima definición del spleen:
No he escrito ni una línea y son ya las doce de la mañana. Me aturde como un formidable redoble de tambores pensar la bárbara cantidad de tiempo que se gasta en no hacer nada. No hacer nada es una tarea llena de complicaciones. Hay libros y periódicos sobre la mesa; no leerlos. Hay conminaciones que hacer, cartas a que contestar; no abrirlas, no escribirlas, dejarlo para otro momento.
¡Labor odiosa de destrucción en que las generaciones y los mundos se agotan insensiblemente!
Como se ve, la vida ociosa es una lata.