Esta tarde me enteré de su muerte, a pocos días de cumplir los cien años (¡qué mal presagio tuvo Fernando Ortiz cuando el pasado 19 de septiembre escribió Deo volente!). Este verano quise rendirle mi pequeño homenaje leyendo su Obra completa en verso editada por Pre-Textos, y sus poemas me emocionaron en las largas tardes de julio.
Dejo a otros evocar el perfil de un poeta magistral, clásico, irrepetible. Otros sabrán mejor que yo trazar las claves de su poesía. Traigo aquí el recuerdo del escalofrío que sentí en 2001 cuando en una presentación en la Casa del Libro estreché su mano menuda: hablaba con un poeta que había conocido al propio Eliot y que era un excepcional testigo de toda la poesía inglesa y española del siglo veinte.
San Ray Bradbury
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Como el título de esa novela de la temperatura a la que arde el papel en la
escala de Farenheit, no recuerdo la cifra, dijo el profesor en el
institut...
Hace 1 día

